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jueves, 11 de abril de 2013

El niño y el puzzle

Es bastante probable que ya hayas leído este cuento pero me ha gustado recordarlo.

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para reducirlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. 

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle, con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo ¡Justo lo que precisaba!

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: -"Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie".Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. 

-"Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo". Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?

-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.

  "Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo..."

martes, 26 de marzo de 2013

4 secretos para ser feliz


Lo que más deseas en la vida es la felicidad. Pero en ocasiones saboteas nuestros esfuerzos para alcanzarla. La felicidad no es un destino a donde se llega, sino es la manera de caminar por la vida. Sin embargo, de manera extraña, en el trayecto puedes tropezar con dos problemas graves: algunos seres humanos tienen miedo de ser felices y muy pocos saben exactamente qué desean. Si quieres vencer estos dos obstáculos y pertenecer al selecto grupo de gente feliz, te sugiero seguir cuatro pasos para lograrlo.

1- Desmantela tu armadura


Con frecuencia tememos ser felices y saboteamos nuestras ilusiones porque pensamos que no merecemos la felicidad y nos da miedo tratar de alcanzarla. La forma más sencilla y frecuente de protegernos y mantenernos a salvo es construir una armadura de acero en la que encerramos nuestros sueños y deseos para que nadie pueda alcanzarlos ni destruirlos. Y, por supuesto, el resultado es que jamás damos un solo paso para hacerlos realidad. Acepta que al reprimir tus sueños no los proteges, sino que impides que se realicen. Haz esfuerzos verdaderos para convertirlos en realidad. Esta decisión te puede llevar a correr algunas desilusiones y desengaños; pero también te llevará a éxitos que de otra manera no lograrías jamás.


2-Conéctate con los deseos de tu corazón


Haz una ”cita” contigo mismo para explorar cuáles son los sueños y los deseos que duermen en el fondo de tu corazón. Considérala y trátala como la cita más importante de tu vida. Si lo consideras necesario, asiste a ella con libreta y pluma en mano. Anota cuanta idea se te ocurra sobre lo que deseas, aunque te parezca absurda. Cuando no tenemos idea de cuáles son nuestras metas en la vida ni sabemos cómo alcanzarlas, es una buena idea ayudar al cerebro a realizar esta exploración. Lo importante es que logres conectarte con lo que tu corazón anhela realmente y que llegues a vislumbrar los diferentes caminos por medio de los cuales podrías alcanzarlo. De este modo, te será más fácil empezar a dar los pasos necesarios para convertir ese sueño en realidad. Los esfuerzos que hagas llenarán de interés tu vida y te harán probar las primeras mieles de la felicidad.



3-Reconoce tu propio poder


Todos somos mental y físicamente capaces de hacer lo que nos proponemos; los límites los ponen nuestro miedo y nuestra imaginación. Y todos merecemos el éxito, como merecemos el amor y la felicidad. Desafortunadamente, para muchos es más fácil decir ´no puedo´; y todos solemos creer en nuestras propias palabras. Así que para conquistar la felicidad, empieza a practicar una actitud positiva, a fomentar la confianza en ti mismo y a decir ´sí puedo´, a todos los retos que te vaya planteando la vida. Muy pronto descubrirás que puede hacer cosas de las que antes te sentías incapaz.






4-No tomes precauciones como pretextos


Algunos temores son buenos. Ser precavido y cauteloso es una virtud cuando se conduce un automóvil, se tienen hijos pequeños y se desea evitar cualquier tipo de accidente. Pero cuando el miedo te impide lanzarte en busca de tus sueños, ha llegado el momento de deshacerse de él. En las decisiones importantes de la vida los temores y pretextos deben dejarse a un lado y debe imponerse el valor para correr ciertos riesgos, porque se necesita determinación para perseguir y alcanzar los grandes sueños. Para ser feliz hace falta honradez para seguir el camino correcto en su consecución y para no estropearla con la mentira o el egoísmo. Pero, ¿cómo sé en cada momento que estoy siendo honrado con las personas que realmente me importan? El problema que se nos plantea es el de reconocer el tipo de amor apropiado -cuál es la manera correcta de amar-, y distinguirla de un amor equivocado -que pueda terminar destruyendo aquello que uno ama.








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sábado, 23 de marzo de 2013

Sólo te define lo que haces


Diógenes fue un filósofo griego, hijo de un banquero, que fue exiliado de su ciudad natal por falsificar monedas. Vivía solo y en total austeridad para liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades, despreciando toda riqueza y poder. Su única propiedad era la tinaja donde vivía, que empujaba rodando a cualquier lugar. Cuentan que un día, el rey Alejandro Magno le ofreció lo que quisiera y él contesto: “tan solo que te apartes porque me tapas el sol.”; y que en otra ocasión, Alejandro Magno encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos, y Diógenes le dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
Inspirado en este personaje y en Matthieu Ricard, monje budista considerado el hombre más feliz del mundo y que hace especial énfasis en el desapego material, escribo hoy esta entrada.Con sencillez y desapego, no me refiero a que vivamos todos como Diógenes o Matthieu Ricard, pero sí a que consideremos la posibilidad de vivir con menos de forma voluntaria.
Probablemente, esto hará que tengamos una vida más fácil y relajada, con menos estrés y preocupaciones, con más tiempo disponible, libertad y agilidad; al igual que no es lo mismo subir unas escaleras cargado con las bolsas de la compra, que sin ellas.
Las cosas materiales acaban desviando la atención de lo importante; por ejemplo cuando estás en la playa y tienes algo de valor contigo, no te queda otra que estar pendiente de eso, más que de darte un refrescante baño o un cálido paseo por la orilla, que es para lo que estas allí, teniendo que llevarlo en la mano en todo momento o mirando cada cinco minutos a la toalla.
El poder vivir con menos cosas, te hará ser más generoso y desprendido, y a su vez que los que te rodean lo sean contigo, se preocuparán por ti y así nunca necesitarás nada, como dice Jodorowski: “Todo lo que das, te lo das, y lo que no das, te lo quitas”.
Hasta la tecnología nos está ayudando a tener muchas menos cosas, con los discos duros, la nube, el spotify, ebooks, etc… quién necesita tener la casa llena de libros, cd’s, películas, etc. También esta ayudando el claro cambio de conducta en el consumo actual, orientándose más a compartir el uso de las cosas que a su tradicional sentido de propiedad en exclusiva.
Por otro lado, el exceso de apego por las cosas te hace pensar que sin ellas no serías feliz y siempre genera celo y desconfianza, cuando mucha gente ha pasado sin ellas perfectamente.Como la eterna insatisfacción del que se apega a estereotipos socio económicos  que sólo son símbolos creados y una vez que los consigue los normaliza y pierden valor, persiguiendo de nuevo unos más ambiciosos como bien explica Alain De Botton en su libro “Estado de ansiedad: La ansiedad por el estatus”. Esto no significa que no debas ponerte metas y objetivos, pero sin obsesionarte los resultados: siempre ha sido más importante el camino que el destino.
En las relaciones de afecto, el desapego también es importante. No quiere decir que tengas que ser frío, distante o te muestres indeferente, pero sí permitir espacio e independencia a las otras personas, y a ti mismo.Incluso un fuerte apego a ciertas costumbres o creencias te harán ser, sin duda, más inflexible y predecible y menos creativo y objetivo, condicionándolo todo.
Recuerda que no te define lo que tienes, ni lo que pareces, los prejuicios generan perjuicios, y a menudo son erróneos. Tampoco te define lo que piensas, ni lo que dices, lo que realmente te define es lo que haces y como te comportas con los demás, eso habla por si sólo.





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miércoles, 20 de marzo de 2013

La necesidad de vivir despacio y en el presente


Vi una entrevista que le hicieron en Singulars a Carl Honoré, el conocido autor del libro El elogio de la lentitud. En ella explicaba brevemente cómo llegó a darse cuenta de que estaba en una situación de “aceleración desbocada” el día en que se descubrió a sí mismo planteándose ir a comprar un libro de cuentos infantiles que podían explicarse en 1 minuto. En ese momento, se hizo consciente de que estaba corriendo mucho para a la vez perderse las cosas que de verdad importan, como el tiempo pasado con sus hijos, ese tiempo que una vez los hijos han crecido no podrás jamás recuperar.
Honoré nos cuenta que vivir deprisa no es vivir, sino sobrevivir. Es correr de un lado a otro, sin saborear ninguna de las experiencias que nos están sucediendo, como empujados por una fuerza que nos impide detenernos, que no nos deja bajar el ritmo. Hace unos días, un amigo me decía que no podía ralentizar su ritmo de vida, que sólo le quedaba parar o seguir en esa loca carrera. Yo creo que eso es un error, siempre podemos bajar el ritmo, tomar aire y reorganizar nuestras prioridades. Y sé que ese “siempre” puede sonar impositivo, incluso exagerado. Pero es que el problema es que hay que hacerlo, ya que necesitamos darle a nuestra vida una dimensión temporal adecuada, con momentos más intensos y otros más tranquilos, con etapas de un cierto estrés y otras de ir haciendo sin presión. Pues cuando no lo hacemos, la vida nos para y suele hacerlo contra un muro (metafórico o real). Nos detiene en seco.
Esa ralentización es además el único modo de poder conectar con lo que de verdad nos importa y trabajar en la zona, entrar en los estados de flujo de los que muchas veces os he hablado. Cuando vas siempre corriendo sin parar, no puedes estar en flujo ya que tu “yo esencial” está unos pasos por detrás de tu “yo activo”, no estás conectando, estás simplemente reaccionando. No estás en el aquí y ahora. Todo lo que haces, lo realizas entonces desde el esfuerzo. Y desde el esfuerzo no hay verdadero disfrute y sólo se puede mantener ese ritmo esforzándose más. En cambio, desde el estado de flujo, el esfuerzo se transforma en sintonía con la tarea, en energía focalizada y bien dispuesta, en un hacer desde el propio ser. Como dijo Stefan Zweig: los grandes momentos se hallan siempre más allá del tiempo.
Y además, para aquellos más prácticos y que creen que lo importante son los resultados, hay que recordar como bien dice Honoré (y otros estudios confirman), la prisa y la aceleración, empeoran el rendimiento y conducen a tener más errores. Como he dicho antes, todo tiene un ritmo adecuado y si tratas de acelerar ese ritmo, el resultado empeora. Os dejo para finalizar con un cuento zen que he leído en un fantástico libro de santiago Alvárez de Mon, La lógica del corazón:
Cuando le preguntaron si nunca se había sentido desanimado por el escaso fruto que sus esfuerzos parecían producir, el Maestro contó la historia de un caracol que emprendió la ascención a un cerezo en un desapacible día de finales de primavera.
Al verlo, unos gorriones que se hallaban en un árbol cercano estallaron en carcajadas. Y uno de ellos le dijo:
- ¡Oye, tú, pedazo de estúpido!, ¿no sabes que no hay cerezas en esta época del año?
El caracol sin detenerse, replicó: No importa. Ya las habrá cuando llegue arriba.






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sábado, 23 de febrero de 2013

¿Conoces tu elemento?


No es fácil descubrir quién eres. Es más, me atrevería a decir que saber quién somos realmente es una de las tareas más difíciles que hay, estando como estamos escondidos de nosotros mismos bajo capas y capas de condicionamientos de todo tipo: emocionales, culturales, sociales, educativos, de personalidad, etc…. Aunque ya te advierto que para entrar en esas capas más profundas necesitarás ayuda externa. 
Pero como llegar a ese conocimiento profundo puede requerir más tiempo y esfuerzo del esperado, está bien que podamos ir haciendo aproximaciones a ese camino, como si nos fuéramos entrenando y estuviéramos poniendo nuestro cuerpo y mente a punto.  Porque lo más importante, lleguemos a dónde lleguemos en ese camino de autoexploración es estar en el camino, andar el camino. Que el conocimiento nos encuentre en movimiento. Y una de las búsquedas de ese camino es lo que Sir Ken Robinson llama en su libro El elemento, encontrar nuestro elemento.
Encontrar nuestro elemento no es asunto baladí. Algunas personas ya lo han encontrado y disfrutan plenamente de la actividad o actividades que realizan en contacto con su elemento. Están en la zona o como he hablado en otras ocasiones, logran estar en flujo con lo que hacen. Otras no lo han hecho o tal vez perdieron ese contacto en algún momento de su “socialización”. Porque los principales obstáculos a que encuentres y desarrolles tu elemento son tres: tus propios miedos, el grupo social y la sociedad en general. La sociedad dice querer gente libre y feliz, pero en realidad quiere personas sumisas y adaptadas al sistema.
Puede que te estés preguntando qué es exactamente el elemento. Según Robinson, el elemento es ese lugar interno en donde convergen las cosas que nos gusta hacer y lo que se nos da bien, un punto de encuentro entre las aptitudes personales y las inclinaciones personales, un lugar en el que puedes sentirte tu mismo y sobre todo sentirte vivo. Es además ese espacio interior en dónde se une la capacidad y la vocación. La capacidad sería una facilidad natural para hacer alguna cosa. La actitud tendría que ver más con un punto de vista de tipo emocional: como miramos nuestra situación, cuánto y cómo sentimos que podemos hacer algo. Y necesitamos además para que eso suceda, para que encontremos nuestro elemento, que tengamos la oportunidad de encontrarlo en el entorno. O bien que seamos capaces de crearla. En palabras de Robinson es un proceso en que se pasa por estas fases: Lo entiendo, me encanta, lo quiero, dónde está.
¿Qué puede ser el elemento? Cualquier cosa: escribir, pintar, cocinar, hacer zapatos, ser matemático, bailar, construir casas, ser ebanista, escuchar a otros, etc… Cualquier cosa en la que te sientas como explicaba en el párrafo anterior. Hay personas que tienen un solo elemento y otras que tienen varios. Todas las opciones son buenas mientras en algún momento, estés en flujo, estés conectado y en la zona.
¿Es obligatorio encontrar tu elemento? Por supuesto que no! Nada lo es. Pero si lo haces, encontrarás un lugar en dónde todo tu Ser fluye, en dónde parece que se abre un canal y se junta el cielo y la tierra, en dónde la vida se expresa a través de ti mismo y todo parece formar parte de un orden natural. Espacio y tiempo fluyendo en sintonía con tu interior. Un espacio en dónde la libertad de ser tu mismo es posible.
¿Crees que te mereces descubrirlo?¿Conoces tu Elemento? 






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lunes, 18 de febrero de 2013

La necesidad de vivenciar el dolor

Se habla frecuentemente del pensamiento positivo y realmente creo que es algo muy útil y a tener en cuenta en muchos momentos. Pero no debemos olvidar que en la vida también hay dolor, momentos de sufrimiento. Parece casi un tabú hablar en nuestra sociedad de eso, pero es una realidad que en algún momento nos tocará pasarlo mal.


Y cuando eso sucede, lo peor que podemos hacer es tratar de evitarlo, hacer como que no pasa, negarlo. Los grandes maestros dicen que “no evites el dolor, pues al pasar por él acabarás trascendiéndolo“. El dolor mental o emocional es en realidad el apego a conceptos falsos, es el empeño en creer que las cosas han de ser como nosotros queremos y no como son en realidad. En esa lucha contra la realidad, gastaremos mucha energía y es una batalla perdida de antemano. Cuando en cambio, lo aceptamos como parte de la vida, como una lección más que nos toca aprender, como un mensaje del Universo, o de nuestro cuerpo, o de nuestra mente, o de nuestras relaciones con los demás, está empezando la curación.

Como siempre digo y pienso, los hechos son los que son, lo único que puedes cambiar es el modo en que te lo tomas. Como dice la frase budista: el dolor es inevitable, el sufrimiento opcional. Y si haces eso puedes llegar a conseguir un estado de felicidad interna, un estado de felicidad más allá de las circunstancias, intrínseco al hecho de estar vivos y a la aceptación de lo que te depara la vida como parte de tu camino de aprendizaje. Mientras sigues aprendiendo, estás viv@.






¿Te niegas a aceptar las situaciones dolorosas de tu vida? ¿Crees que son dolorosas en si mismas o lo son por el modo en que te las tomas?¿Qué puedes aprender de ellas?









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jueves, 14 de febrero de 2013

La eternidad en una hora de tu vida


"Mira el mundo en tan solo un grano de arena…

mira el cielo en un campo florido,

guarda el infinito en la palma de tu mano,

y la eternidad en una hora de tu vida"

William Blake






Una frase que a diario oigo y que me pone los pelos de punta es " Tengo prisa o No tengo tiempo o Necesito días de 36 horas".
Y una de las actitudes que más veces podemos ver es la de personas corriendo de un lado a otro, galopando por las escaleras,corriendo para arañar unos escasos minutos al reloj. Impacientándose ante el semáforo en rojo. Tal vez para llegar a otro lugar en el que seguirán corriendo. Y yo me pregunto: ¿es realmente necesario correr tanto? ¿con que fin?

Ya hace algunos años surgió el movimiento del Slow Down, que tiene incluso pueblos acogidos a esa filosofía, en los que básicamente se vive en una escala de tiempo humana, sin prisas, dedicándole a cada cosa el tiempo que se merece. Y por qué no, un poco de carpe diem.

Tal vez no hace falta irse a ese extremo pero sí que es muy importante ser consciente que el exceso de prisa, el lo quiero para ayer y la sensación de aceleración de nuestra vida diaria puede desembocar fácilmente en una situación de estrés. Actitudes probablemente inútiles, ya que al final, tendremos que dedicarle a cada tarea el tiempo que requiera.

Se trata de como se decía antiguamente, ir sin prisa pero sin pausa. Podemos hacer las cosas, pero sin darles urgencia, dedicando el tiempo necesario. Y sobretodo no debemos olvidar que el hacer no nos ha de impedir el vivir, el disfrutar de cada momento, de cada cosa.

No voy a poner una lista de las cosas que nos perdemos cada día mientras corremos de una lado a otro, mientras hacemos una cosa y con la cabeza en otra, ya que creo que es una reflexión que debe hacer cada uno de manera individual, si es que quiere saber qué se está perdiendo. Porque es muy probable, que cuando llegue ese futuro en donde se supone que podrás descansar, en donde tendrás tiempo para saborear cada instante, sigas corriendo o bien descubras que ese futuro no era como tú te esperabas. Y sería una lástima haber perdido tantos buenos momentos por el camino. Porque es posible que si vives para trabajar , incluso aunque disfrutes mucho de ello, te estarás perdiendo muchos momentos de otro tipo de felicidad.

Porque como dijo Unamuno: “Lo más urgente es lo de ahora y lo de aquí. En el momento que pasa y en el reducido lugar que ocupamos, está nuestra eternidad y nuestra infinitud.”

Y tal vez pienses que esa no es la sociedad en que vivimos, pero recuerda que la sociedad la hacemos todos y cada uno de nosotros. Y cada momento que se va, cada instante único e irrepetible, es algo que sólo tu ganas o pierdes. Y se que no es fácil desacelerar, pero hacerlo o no dependerá de cuál sea tu escala de valores. Tú eliges.

Y tú ¿a que te dedicas? ¿A correr de un lado a otro o a saborear el momento? Si estuvieras en tu lecho de muerte y te dieran la oportunidad de revivir un momento de tu vida: ¿cuál elegirías?







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sábado, 9 de febrero de 2013

12 razones para conocerte a tí mism@

La frase “conócete a ti mismo”, inscrita en el templo de Apolo en Delfos en el siglo V a.c, refleja la necesidad atemporal, que tenemos los seres humanos de explorar nuestra realidad interior. Muchas son las razones de esta necesidad. Aquí intentamos abordar algunas de ellas.

1. Vas a vivir contigo toda la vida

Empezamos por una que puede sonar a obviedad, pero que es así y así seguirá siendo. Puedes escapar de muchas situaciones y personas en esta vida, pero de lo que seguro que no puedes huir es de ti mismo. Por tanto, ya que va a estar siempre contigo mismo, mejor saber quién eres.

2. Puedes conocer tus verdaderas motivaciones

Muchas veces nos encontramos haciendo cosas sin saber muy bien por qué. En algún momento nos parecieron una buena idea, tal vez sin demasiada reflexión y seguimos ahí, aún cuando es posible que eso ya no tenga ningún sentido para nosotros. Conocerse permite saber qué te motiva realmente.

3. Evitarás vivir una vida que no te corresponde

Muchos, viven un guión, que otras personas (sus padres, personas de referencia, profesores, sociedad..) han escrito inconscientemente para ellos. Y por tanto, hacen aquello que los demás esperan que hagan, no lo que de verdad anhelan. Conocerte a ti mismo te permite vivir tu propio guión de vida y no el que otros te han escrito.

4. No tendrás que arrepentirte en el fin de tus días

Al conocerte a fondo habrás vivido una vida más coherente con tus anhelos profundos y por tanto no echarás de menos el no haber tenido el valor de salir de tu zona de confort para vivir una vida más plena. Bronnie Ware, una enfermera australiana de cuidados paliativos, cuenta en su libro ‘Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos‘, que el principal arrepentimiento es “ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera“.

5. Podrás aprender de tus errores

Equivocarse es humano, pero también lo es permanecer en el error e incluso repetirlo. Tenemos una tendencia a repetir errores, a sentir el eterno retorno de la misma dificultad. Muchas veces eso sucede por un desconocimiento de las propias motivaciones, de los propios deseos o por tener unos objetivos difusos. Cuando te conoces bien, sabes cuál es el error que repites y qué hacer para salir de él.

6. Tendrás mejores relaciones

Para relacionarte de un modo sano y profundo con los demás, lo primero que tienes que hacer es saber quién eres. De lo contrario, muchas relaciones las mantienes para satisfacer necesidades que en realidad ni tienes y son relaciones  por tanto que no te llenan.

7. Te importará bastante poco lo que opinen los demás de ti

Siguiendo con el punto anterior, cuando no te conoces te afecta mucho más lo que los demás puedan pensar de ti, pues de algún modo ese “pensamiento ajeno” te define. Eso carece de importancia cuando sabes quién eres.

8.Estarás en congruencia

No se puede ser totalmente congruente de pensamiento, emoción y acción, si no sabes quién eres. Así de claro. Y no hay atajos para conseguirlo.

9. Disfrutarás más del día a día

Estar presente en el día a día es una tarea difícil por las diferentes obligaciones de la vida cotidiana. Pero cuando sabes quién eres y qué quieres, es mucho más fácil priorizar y escoger aquello que te hace sentir bien.

10. Vivirás más tranquilo y con menos esfuerzo

Siguiendo con el punto anterior, esa capacidad de elegir aquello que te interesa y te llena, te hace sentir más relajado, con menos estrés y te ayuda a no realizar esfuerzos innecesarios, que no van a ninguna parte.

11. Te sentirás más libre

Una de las consecuencias de conocerse, es sentirse más libre, ya que muchas de las ataduras que tenemos son falsas, ocasionadas por intentar aparentar algo que no somos o encajar en lo que los demás esperan de nosotros. Conocerse es liberador. Y la sensación de libertad es refrescante.

12. Serás más feliz

Y como consecuencia de todo ello y de todos los puntos expuestos, vas a ser más feliz. No perseguir un falso ideal, te acerca ti mismo y a tus verdaderas necesidades.







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sábado, 26 de enero de 2013

Tu propósito para este 2013

Tu lista de propósitos para el 2013 puede ser muy larga o muy corta, quién sabe, pero hoy me voy a centrar en un sólo propósito que puede aunar a otros muchos en su seno: descubrir tu pasión, tu elemento, aquél lugar en dónde confluye lo que te gusta hacer con lo que se te da bien. No es fácil llevar una vida con rumbo propio, pero no hacerlo me temo que es mucho peor. 
  Porque está muy bien disfrutar y vivir el momento, pero en una sociedad como la nuestra necesitamos un mínimo de dinero para vivir. Cuánto necesitemos ya dependerá de cada uno y no es el objetivo de este post ayudarte a ganar dinero. El objetivo es que encuentres aquello que te gusta y probablemente, eso acabará dándote dinero. O tal vez no y tendrás que ganarlo de otra manera. Pero sabrás con lo que de verdad disfrutas. 
Algunas personas ya saben cuál es su elemento, ese cruce de lo que les gusta hacer y además se les da bien. Son muy afortunadas en ese sentido. Pero mi experiencia me dice que hay muchas más que no lo saben o que si alguna vez lo supieron, lo perdieron en esos avatares de la vida. Si no encuentras el momento de seguirlos o no sabes cómo hacerlo, es el momento de pedir ayuda externa. Pero tal vez, si pones un poco de empeño, te sirvan de orientación. Coge papel y boli y a por ello:
- ¿En qué eres bueno? Seguro que hay cosas que se te da bien hacer, que haces sin ninguna dificultad. No vale una respuesta tipo “no soy bueno en nada” porque todo el mundo tiene habilidades para algunas cosas. Puede que sea algo en lo que nos has reparado porque para ti es normal, pero eso no quiere decir que para otra persona eso mismo que tu encuentras ”chupado” sea dificultoso. Seguramente habrá diversas cosas que se te dan bien, así que te sugiero que hagas una lista para no dejarte ninguna.
- ¿Qué es lo que siempre deseaste ser en secreto? Puede que sea algo para lo que ya no hay tiempo, o algo que te parece totalmente inalcanzable pero de entrada no descartes nada de lo que alguna vez soñaste ser. Es posible que, por citar un ejemplo,  siempre hubieras deseado ser novelista. No se si será posible llegar a ser novelista, pero igual puedes empezar escribiendo un Blog de crítica  literaria, o publicar tus cuentos en pdf, etc.. Lo importante es empezar a moverse. De nuevo, como en el punto anterior, escribe esos deseos porque tal vez sean un buen punto de partida.Y no te de vergüenza hacerlo, nadie más tiene porqué verlo.
- ¿Qué haces cuando tienes un rato libre? Quizás puedes tratar de hacerte una pequeña tabla durante unos días para saber a qué dedicas realmente el tiempo libre. A qué dedicamos tiempo cuando no hay obligaciones de por medio, nos puede dar una idea de lo que nos gusta hacer. Puede ser que leas, o tomes fotos, o programes webs para los amigos, o elabores algo de manera artesanal, o cocines, etc… No descartes nada, cualquier afición puede ser un buen punto de partida para encontrar tu elemento.
- ¿Qué cosas solías hacer y ya no haces? Trata de darte cuenta de si hay alguna afición que has perdido. Puede ser que simplemente sea algo que te dejó de interesar y entonces puedes descartarlo. Pero a lo mejor, hubo otros motivos (falta de tiempo, la impresión de que no servía de nada, un tema económico, etc..) y en ese caso podemos estar de nuevo ante una buena pista.
- ¿En qué cosas has trabajado? Trata de recordar todos los trabajos que has tenido (si es más de uno, obviamente) y ver cuál o cuales te hicieron disfrutar más. Puede que sea el mismo que tienes o buscas, pero tal vez no…
- ¿Qué te divierte hacer? Aquí se trata no sólo en el tiempo libre, sino también en el trabajo. Descubre qué partes de tu trabajo te apasionan más, en que se te pasan las horas de manera más rápida y entretenida. A mi, por ejemplo, el rato que paso en sesiones me vuela. Sé que eso me gusta hacerlo. Intenta darte cuenta de cuándo te sucede a ti.
- ¿Sobre qué lees o te informas? Observa el tema de los libros que lees o de las cosas sobre las qué lees. ¿Hay algún tema que se repita? ¿Sería un buen punto de partida?. No descartes nada por absurdo que te parezca. Puede que tu creas que lo que te gusta no tiene ningún interés, pero hoy en día con el tema de la economía de la Long Tail, hay nichos de mercado para temas muy especializados.
Si realizas el análisis que te he dicho y tomas las notas comentadas empezarás a tener una buena cantidad de información sobre qué te gusta y qué se te da bien. A partir de ahí debería comenzar una fase más rigurosa en la que tendrás que empezar a hacer pruebas y experimentar para saber hasta dónde podrías llegar con eso. La recomendación es empezar por aquello que te haga más ilusión, pues es un buen indicador a la hora de iniciar una nueva vía, el sentirse motivado. No sabemos hasta dónde puede llevarte este camino, pero como ya sabes, lo importante es el camino. Y que sea un camino con corazón.
Así que sólo me queda decirte, escoge un camino con corazón y ten un muy Feliz 2013. 






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martes, 22 de enero de 2013

El cuento del coche en el desierto


Carretera en el DesiertoNecesito que os pongáis en el siguiente escenario. Estáis en una carretera del desierto de Arizona con vuestro vehículo parado en el medio y medio. No circula nadie. Veis una larga y desierta carretera delante de vosotros que se cuela por el medio de las colinas al fondo. Os habéis gastado un dineral en unos prismáticos de largo alcance, con visión nocturna y además trajisteis un mapa de carreteras para saber que hay más allá del horizonte que veis. De repente observáis que asoma a lo lejos un trailer de gran tonelaje y tenéis claro lo que hay que hacer: apartarse hacia un lado.
Cuando queréis encender vuestro vehículo comprobáis con pavor que no tenéis la llave en el contacto, que el depósito de combustible está vacío y que tenéis dos ruedas pinchadas. ¿Qué sucederá? El camión os llevará por delante.
Esta imagen pretende representar a un director de una empresa, sentado en su sillón directivo (el coche) observando el horizonte (visión del negocio) con todas las herramientas necesarias (prismáticos, mapa). Le han costado un dineral todas estas herramientas, por cierto. Cuando ve que se aproxima una recesión (camión de gran tonelaje)  y decide tomar las medidas oportunas para que no se lo lleve por delante (apartarse del camino), comprueba que no se ha preocupado lo suficiente por el propio estado del vehículo (mala gestión de recursos y capacidades) y no tiene ninguna posibilidad de realizar la maniobra necesaria para apartarse del camino. El camión le manda directamente al desguace.
Cambiemos algunos elementos del escenario. Estáis nuevamente parados en el medio y medio de la carretera pero os preocupáis de que todo esté en regla dentro del coche: llave en el contacto, ruedas con su presión correcta, depósito de combustible a rebosar, freno de mano quitado, dirección desbloqueada… En esas condiciones ya podéis nuevamente otear el horizonte y, al igual que antes, veis venir de frente un camión de gran tonelaje. La decisión es la misma: moverse hacia un lado para librarse del golpe. Ahora sí que estáis en condiciones de poder hacerlo: tenéis pleno control del vehículo y todos los elementos funcionan adecuadamente a vuestras órdenes. Lo que podría pasar en el peor de los casos es que el camión fuera más ancho de lo previsto y, a pesar de haberos apartado hacia un lado, os provocara un arañazo en el lateral. Pero de eso a acabar en el desguace hay una diferencia tremenda.
Huelga volver a dar explicaciones, pero sí quiero remarcar el mensaje importante. En este caso, antes de ponerme a vigilar el horizonte (visión de futuro), me preocupé de que el vehículo estuviera en plenas condiciones de maniobrabilidad ante cualquier eventualidad que surgiera (buena gestión de recursos y capacidades). ¡¡Solamente así!! podré tener bajo control la situación y siempre conservaré la capacidad de maniobra ante los imprevistos que me depare el futuro. Mi supervivencia en la carretera depende específicamente de esta buena gestión, de saber dirigir lo que me traigo entre manos.
Espero que con esta metáfora haya quedado más claro porqué la fortaleza de las empresas depende fundamentalmente de una buena gestión interna y porqué nuestros primeros esfuerzos deben estar encaminados a ello. Solamente después de haberlo logrado podremos empezar a invertir en herramientas que nos ayuden a trazar una buena estrategia de negocios de cara al futuro.

Aunque como podéis ver se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida, ¿O antes de embarcaros en algún proyecto no planificais?, Decidid que y quien queréis ser: el coche destrozado por la falta de previsión  o el coche que estaba preparado y se pudo apartar del camino. Y no os excuséis con el coche, es una simple metáfora, el mensaje está ahí.

Gracias por leerme,Patricia Sánchez de León

domingo, 6 de enero de 2013

¿Dejas ir?

Dejar Ir


"Dejar ir" no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.


"Dejar ir" no es aislarme, es darse cuenta que no puedo controlar a otro.


"Dejar ir" no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.


"Dejar ir" es admitir la impotencia, que significa que el resultado no esta en mis manos.


"Dejar ir no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mi mismo.


"Dejar ir" no es cuidar, sino atender.


"Dejar ir" no es reparar, sino ser de apoyo.


"Dejar ir" no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano.


"Dejar ir" no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos.


"Dejar ir" no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad.


"Dejar ir" no es negar, sino aceptar.


"Dejar ir" no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.


"Dejar ir" no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mi mismo en el.


"Dejar ir" no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.


"Dejar ir" es temer menos y Amar mas.

Louise hay... 

Que bello, ¿no?








Gracias por leerme,Patricia
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jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Tienes mucho ego?

Cuando se habla del ego se pueden conseguir muchas definiciones de muchos sitios, pero cuando hablo de la trampa del ego, me estoy refiriendo a tener una excesiva identificación con ese Yo interno, con esa identidad que sentimos como propia y que nos diferencia de los demás. 
Es normal sentirte diferente, pensar que eres una entidad única en el mundo ya que nadie más puede vivir dentro de tu cabeza y experimentar tus emociones y vivencias. Llegar al extremo del budismo de pensar que esa experiencia del sí mismo es sólo una ilusión es tal vez exagerado, pues sin esa individualidad pierdes parte de eso que te hace único (aunque esa fusión con el todo sea precisamente lo que persigue el budismo, pero entiendo que  pueda parecerte excesivo). Pero vivir en el lado opuesto, totalmente identificado con tu ego te puede llevar a un individualismo demasiado marcado y a caer en lo que coloquialmente se dice  “tener mucho ego”.

Estar en la trampa del ego es estar tan posicionado en tu propia visión, tan anclado a tu mapa del mundo que pierdes la perspectiva de las cosas. Somos seres subjetivos por naturaleza pero podemos tratar de mantener una cierto objetividad sobre las cosas. Y en la relación con los demás, si realmente quieres conectar, debes dejar una parte de ese ego de lado, para entrar en el mundo de la otra persona y compartirlo. Es además un modo de no darte más importancia de la que tienes. No se trata de rebajarse, ni de falsa humildad sino de estar en un nivel en el que aún manteniendo esa identidad, podemos ver los puntos de vista ajenos y valorar a los otros como iguales a nosotros mismos.

Puede parecer que estoy hablando de algo muy obvio y fácil de hacer, pero citaré algunos ejemplos que tal vez nos hagan pensar que no es tan sencillo. En el film Dalai Lama Reinassance en el que se nos explica como un grupo de 40 pensadores occidentales de diferentes ámbitos de las ciencias y las humanidades se reunieron con el Dalai Lama con el fin de compartir con él sus inquietudes y dudas acerca de qué medidas y soluciones tomar para mejorar el mundo en que vivimos. Formaban parte del colectivo Synthesis. Antes de acudir al encuentro con el Dalai Lama se habían reunido en diferentes ocasiones y en los días en que permanecieron en Dharamsala, tenían reuniones previas para decidir qué preguntas y cuestiones se plantearían en las horas de reunión con el Dalai Lama. Eran todas personas con una trayectoria vital y personal destacada y que habían trabajado su crecimiento personal e incluso espiritual. Tenían además un propósito que podemos considerar elevado: luchar por un mundo mejor. No obstante, rápidamente en las reuniones previas a los encuentros, surgían fricciones. La mayoría de las fricciones venían del ego de los pensadores. Muchos de ellos querían que sus pensamientos fueran tenidos en cuenta y tener la ocasión, tal vez única, de hablar directamente con el Dalai Lama. Tuvieron que hacer votaciones para ver quién quería hablar por encima de todo y a quién no le importaba no hacerlo. Al final llegaban a buen puerto, pero la humildad de las respuestas del Dalai Lama todavía dejaba más en evidencia la trampa del ego en que muchos de ellos habían caído.

Si llegados a esos niveles suceden esas cosas, no nos puede extrañar en absoluto que en círculos más cotidianos, en el trabajo o en la Redes Sociales surjan personas que parecen desbordar de ego. Usaré el caso de las Redes Sociales como ejemplo ya que las podemos observar todos, pero lo mismo valdría para muchas otras situaciones de la vida. Hablamos en ese caso de personas que además de tener una presencia bastante continuada y evidente, gran parte de esa presencia es con la atención volcada en sí mismos. Sus interacciones son en la mayoría de los casos para seguir dándose importancia o para demostrar su pretendida sapiencia. O para acercarse a otros que les den mayor relevancia. Dogmatizan sobre lo que deben hacer o no los demás, pero se aplican excepciones a sí mismos. Son claros ejemplos de alguien que ha caído en la trampa del ego y ya no usa su Yo como un punto de apoyo, sino como un pedestal. Lo triste es que ser diva de pedestal tiene una vida corta y eres rápidamente sustituido por otra. Y en el camino, esas personas, se habrán perdido la maravilla de conectar con los demás y aprender con ellos. Y la posibilidad de disfrutar cómo la vida se expande en esa conexión.

¿Caes en la trampa del ego a menudo? ¿Qué crees que te estás perdiendo en esas ocasiones?









Gracias por leerme,Patricia
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lunes, 17 de diciembre de 2012

La importancia de la reputación

Para muchos de nosotros la reputación es algo que se construye a diario.Tiene que ver, en nuestra labor profesional, con ser un profesional fiable, alguien en quién se puede confiar. Con tener una coherencia y una congruencia entre lo que dices y lo que haces, que se transmite en la mayoría de nuestros actos. Lo mismo sucedería en nuestra vida personal. Una “buena persona” o un “buen amigo” es fácilmente reconocible, tiene unos valores y unas actitudes que lo diferencian de otros. No solemos equivocarnos por demasiado tiempo a la hora de escoger buenos profesionales o buenos amigos.
Los problemas en la reputación, suelen venir por dos lados: uno, es cuando tratamos de ser quién no somos. En esa situación, esa falta de coherencia interna se acaba manifestando externamente y provoca que los demás se den cuenta de que algo “no cuadra”. Ese descuadre acaba en ocasiones en una crisis de reputación o dicho de un modo diferente, en una crisis de confianza. Para un profesional puede ser fatal pues resulta muy difícil recuperarse si la cosa ha sido grave.
El otro, es un problema más íntimo y tiene que ver con un exceso de ego o de apego al mismo. La parte de nosotros que está más preocupada por nuestra reputación, por lo que los demás pensarán de nosotros, es el ego. Y no se trata de que no tengamos que tener nada de ego, pero tal vez estaría bien que pudiéramos relativizarlo, que no nos atrape, que no nos angustie tanto. Os voy a contar una antigua historia de la India que tal vez explique mejor este punto:


Había una vez un gran escultor, cuyo arte era tan perfecto que cuando hacía la estatua de un hombre, era complicado distinguir quién era el hombre y quién era la estatua. Era una obra tan realista y tan viva que causaba gran admiración.
Un día llegó un astrólogo a la ciudad y le predijo que se acercaba su muerte, que muy pronto iba a morir. Al artista le entró mucho miedo, se asustó tremendamente y empezó a pensar maneras de evitar su muerte, ya que había sido advertido de ella. Después de mucho pensar, decidió realizar once estatuas de sí mismo y en el momento en que la Muerte llamó a su puerta fue a esconderse entre ellas. Dejó de respirar para pasar desapercibido.
La Muerte estaba perpleja, no podía creer a sus propios ojos. Esto no le había sucedido nunca; ¡era tan raro!. Dios no creaba a los seres humanos en cadena, no era posible que existieran doce copias de la misma persona. Allí sucedía algo extraño. Y sólo podía llevarse a uno….Como no podia decidirse, la Muerte, nerviosa y preocupada se marchó a preguntarle a Dios: ¿Qué has hecho? Hay doce personas iguales y se supone que sólo tengo que traer a una. ¿Cómo debo escoger?
Dios se echó a reír. Le dijo a la Muerte que se acercara y pronunció la fórmula en su oído, la llave para saber como encontrar lo real a partir de lo irreal. Le dió un código secreto y le dijo: – Vete y pronúncialo en esa habitación en donde el artista está escondiéndose entre sus propias estatuas.
La Muerte, aún preocupada, preguntó: ¿Seguro que funcionará?
- No te preocupes- le dijo Dios- simplemente ve y prueba.
La Muerte se fue sin estar del todo convencida de si iba a funcionar. Entró en la habitación, miró a su alrededor y sin dirigirse a nadie en particular dijo:
- Señor, todo es perfecto excepto una cosa. Lo ha hecho muy bien, pero ha fallado en un punto. Hay un error.
El artista se olvidó completamente de que estaba escondiéndose. Saltó y dijo:
- ¿Qué error?
La Muerte se echó a reír y dijo: – Te pille!! Éste es el único error: no te puedes olvidar de ti mismo. Vamos, sígueme.

Como en el cuento, a veces estás demasiado apegado a tu ego, excesivamente preocupado por el qué dirán, por el reconocimiento ajeno. Y aunque, como el artista, sepas que no puedes agradar a todos, tu ego se resiente. El problema de este apego al ego, es que muchas veces provoca que dejes de ser tú y actúes según tu fantasía. Es decir, crees saber lo que los demás esperan de ti y actúas en consecuencia. Estás atrapado en tu propia imagen ideal, que equivocadamente crees que es tu reputación. Ahora que ya llevo tiempo rondando por las Redes Sociales he visto casos de personas, que una vez han alcanzado cierto estatus, ha sido devoradas por el personaje que ellos mismo habían creado. No son ya auténticas, son clones de sí mismos, se repiten, se encartonan.

Aprender a jugar en los dos terrenos es complicado pero no imposible. Una cierta dosis de ego, puede ser útil socialmente, pero un exceso te asfixia. Cuando haces las cosas que realmente  surgen de tu interior, con honestidad, sin pretender nada, simplemente porque crees que así ha de ser, dejando que fluyan de manera natural, los resultados llegan. Llegan porque realmente están conectados contigo, no porque los hayas forzado. Y entonces no debes preocuparte de tu reputación ni de las consecuencias de un comentario malicioso, pues todo ello está de verdad alineado y es congruente. Cuando sólo pretendes seguir en ese Yo Ideal que es aplaudido, cualquier error resquebraja la reputación, pues estaba montada sobre una base falsa.

Es una diferencia que exteriormente puede ser muy sutil, pero que interiormente parte de dos lugares totalmente opuestos. Sólo tú sabes desde dónde te proyectas y por tanto, cuanto hay de sólido en tu reputación. Así que la respuesta a la pregunta del título es obvia: la reputación no se maneja, se proyecta desde dentro en cada uno de nuestros actos.

Por eso voy a hacerte estas preguntas: ¿Estás muy apegado a tu ego? ¿ Crees que te anula tu Yo ideal?









Gracias por leerme,Patricia
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