sábado, 26 de enero de 2013

Tu propósito para este 2013

Tu lista de propósitos para el 2013 puede ser muy larga o muy corta, quién sabe, pero hoy me voy a centrar en un sólo propósito que puede aunar a otros muchos en su seno: descubrir tu pasióntu elemento, aquél lugar en dónde confluye lo que te gusta hacer con lo que se te da bien. No es fácil llevar una vida con rumbo propio, pero no hacerlo me temo que es mucho peor
  Porque está muy bien disfrutar y vivir el momento, pero en una sociedad como la nuestra necesitamos un mínimo de dinero para vivir. Cuánto necesitemos ya dependerá de cada uno y no es el objetivo de este post ayudarte a ganar dinero. El objetivo es que encuentres aquello que te gusta y probablemente, eso acabará dándote dinero. O tal vez no y tendrás que ganarlo de otra manera. Pero sabrás con lo que de verdad disfrutas. 
Algunas personas ya saben cuál es su elemento, ese cruce de lo que les gusta hacer y además se les da bien. Son muy afortunadas en ese sentido. Pero mi experiencia me dice que hay muchas más que no lo saben o que si alguna vez lo supieron, lo perdieron en esos avatares de la vida. Si no encuentras el momento de seguirlos o no sabes cómo hacerlo, es el momento de pedir ayuda externa. Pero tal vez, si pones un poco de empeño, te sirvan de orientación. Coge papel y boli y a por ello:
¿En qué eres bueno? Seguro que hay cosas que se te da bien hacer, que haces sin ninguna dificultad. No vale una respuesta tipo “no soy bueno en nada” porque todo el mundo tiene habilidades para algunas cosas. Puede que sea algo en lo que nos has reparado porque para ti es normal, pero eso no quiere decir que para otra persona eso mismo que tu encuentras ”chupado” sea dificultoso. Seguramente habrá diversas cosas que se te dan bien, así que te sugiero que hagas una lista para no dejarte ninguna.
¿Qué es lo que siempre deseaste ser en secreto? Puede que sea algo para lo que ya no hay tiempo, o algo que te parece totalmente inalcanzable pero de entrada no descartes nada de lo que alguna vez soñaste ser. Es posible que, por citar un ejemplo,  siempre hubieras deseado ser novelista. No se si será posible llegar a ser novelista, pero igual puedes empezar escribiendo un Blog de crítica  literaria, o publicar tus cuentos en pdf, etc.. Lo importante es empezar a moverse. De nuevo, como en el punto anterior, escribe esos deseos porque tal vez sean un buen punto de partida.Y no te de vergüenza hacerlo, nadie más tiene porqué verlo.
¿Qué haces cuando tienes un rato libre? Quizás puedes tratar de hacerte una pequeña tabla durante unos días para saber a qué dedicas realmente el tiempo libre. A qué dedicamos tiempo cuando no hay obligaciones de por medio, nos puede dar una idea de lo que nos gusta hacer. Puede ser que leas, o tomes fotos, o programes webs para los amigos, o elabores algo de manera artesanal, o cocines, etc… No descartes nada, cualquier afición puede ser un buen punto de partida para encontrar tu elemento.
¿Qué cosas solías hacer y ya no haces? Trata de darte cuenta de si hay alguna afición que has perdido. Puede ser que simplemente sea algo que te dejó de interesar y entonces puedes descartarlo. Pero a lo mejor, hubo otros motivos (falta de tiempo, la impresión de que no servía de nada, un tema económico, etc..) y en ese caso podemos estar de nuevo ante una buena pista.
¿En qué cosas has trabajado? Trata de recordar todos los trabajos que has tenido (si es más de uno, obviamente) y ver cuál o cuales te hicieron disfrutar más. Puede que sea el mismo que tienes o buscas, pero tal vez no…
¿Qué te divierte hacer? Aquí se trata no sólo en el tiempo libre, sino también en el trabajo. Descubre qué partes de tu trabajo te apasionan más, en que se te pasan las horas de manera más rápida y entretenida. A mi, por ejemplo, el rato que paso en sesiones me vuela. Sé que eso me gusta hacerlo. Intenta darte cuenta de cuándo te sucede a ti.
- ¿Sobre qué lees o te informas? Observa el tema de los libros que lees o de las cosas sobre las qué lees. ¿Hay algún tema que se repita? ¿Sería un buen punto de partida?. No descartes nada por absurdo que te parezca. Puede que tu creas que lo que te gusta no tiene ningún interés, pero hoy en día con el tema de la economía de la Long Tail, hay nichos de mercado para temas muy especializados.
Si realizas el análisis que te he dicho y tomas las notas comentadas empezarás a tener una buena cantidad de información sobre qué te gusta y qué se te da bien. A partir de ahí debería comenzar una fase más rigurosa en la que tendrás que empezar a hacer pruebas y experimentar para saber hasta dónde podrías llegar con eso. La recomendación es empezar por aquello que te haga más ilusión, pues es un buen indicador a la hora de iniciar una nueva vía, el sentirse motivado. No sabemos hasta dónde puede llevarte este camino, pero como ya sabes, lo importante es el camino. Y que sea un camino con corazón.
Así que sólo me queda decirte, escoge un camino con corazón y ten un muy Feliz 2013. 






Gracias por leerme,Patricia
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martes, 22 de enero de 2013

El cuento del coche en el desierto


Carretera en el DesiertoNecesito que os pongáis en el siguiente escenario. Estáis en una carretera del desierto de Arizona con vuestro vehículo parado en el medio y medio. No circula nadie. Veis una larga y desierta carretera delante de vosotros que se cuela por el medio de las colinas al fondo. Os habéis gastado un dineral en unos prismáticos de largo alcance, con visión nocturna y además trajisteis un mapa de carreteras para saber que hay más allá del horizonte que veis. De repente observáis que asoma a lo lejos un trailer de gran tonelaje y tenéis claro lo que hay que hacer: apartarse hacia un lado.
Cuando queréis encender vuestro vehículo comprobáis con pavor que no tenéis la llave en el contacto, que el depósito de combustible está vacío y que tenéis dos ruedas pinchadas. ¿Qué sucederá? El camión os llevará por delante.
Esta imagen pretende representar a un director de una empresa, sentado en su sillón directivo (el coche) observando el horizonte (visión del negocio) con todas las herramientas necesarias (prismáticos, mapa). Le han costado un dineral todas estas herramientas, por cierto. Cuando ve que se aproxima una recesión (camión de gran tonelaje)  y decide tomar las medidas oportunas para que no se lo lleve por delante (apartarse del camino), comprueba que no se ha preocupado lo suficiente por el propio estado del vehículo (mala gestión de recursos y capacidades) y no tiene ninguna posibilidad de realizar la maniobra necesaria para apartarse del camino. El camión le manda directamente al desguace.
Cambiemos algunos elementos del escenario. Estáis nuevamente parados en el medio y medio de la carretera pero os preocupáis de que todo esté en regla dentro del coche: llave en el contacto, ruedas con su presión correcta, depósito de combustible a rebosar, freno de mano quitado, dirección desbloqueada… En esas condiciones ya podéis nuevamente otear el horizonte y, al igual que antes, veis venir de frente un camión de gran tonelaje. La decisión es la misma: moverse hacia un lado para librarse del golpe. Ahora sí que estáis en condiciones de poder hacerlo: tenéis pleno control del vehículo y todos los elementos funcionan adecuadamente a vuestras órdenes. Lo que podría pasar en el peor de los casos es que el camión fuera más ancho de lo previsto y, a pesar de haberos apartado hacia un lado, os provocara un arañazo en el lateral. Pero de eso a acabar en el desguace hay una diferencia tremenda.
Huelga volver a dar explicaciones, pero sí quiero remarcar el mensaje importante. En este caso, antes de ponerme a vigilar el horizonte (visión de futuro), me preocupé de que el vehículo estuviera en plenas condiciones de maniobrabilidad ante cualquier eventualidad que surgiera (buena gestión de recursos y capacidades). ¡¡Solamente así!! podré tener bajo control la situación y siempre conservaré la capacidad de maniobra ante los imprevistos que me depare el futuro. Mi supervivencia en la carretera depende específicamente de esta buena gestión, de saber dirigir lo que me traigo entre manos.
Espero que con esta metáfora haya quedado más claro porqué la fortaleza de las empresas depende fundamentalmente de una buena gestión interna y porqué nuestros primeros esfuerzos deben estar encaminados a ello. Solamente después de haberlo logrado podremos empezar a invertir en herramientas que nos ayuden a trazar una buena estrategia de negocios de cara al futuro.

Aunque como podéis ver se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida, ¿O antes de embarcaros en algún proyecto no planificais?, Decidid que y quien queréis ser: el coche destrozado por la falta de previsión  o el coche que estaba preparado y se pudo apartar del camino. Y no os excuséis con el coche, es una simple metáfora, el mensaje está ahí.

Gracias por leerme,Patricia Sánchez de León

domingo, 6 de enero de 2013

¿Dejas ir?

Dejar Ir


"Dejar ir" no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.


"Dejar ir" no es aislarme, es darse cuenta que no puedo controlar a otro.


"Dejar ir" no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.


"Dejar ir" es admitir la impotencia, que significa que el resultado no esta en mis manos.


"Dejar ir no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mi mismo.


"Dejar ir" no es cuidar, sino atender.


"Dejar ir" no es reparar, sino ser de apoyo.


"Dejar ir" no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano.


"Dejar ir" no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos.


"Dejar ir" no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad.


"Dejar ir" no es negar, sino aceptar.


"Dejar ir" no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.


"Dejar ir" no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mi mismo en el.


"Dejar ir" no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.


"Dejar ir" es temer menos y Amar mas.

Louise hay... 

Que bello, ¿no?








Gracias por leerme,Patricia
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miércoles, 2 de enero de 2013

El cuento de la serpiente y la luciérnaga

LA SERPIENTE Y LA LUCIÉRNAGA 
Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.
Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte tres preguntas?

La serpiente respondió:

- No acostumbro a dar este precedente a nadie,
pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

- No, contestó la serpiente.

- ¿Yo te he hecho algún mal? - No, volvió a responder.

- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

- ¡Porque no soporto verte brillar........!

Así, muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:

¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?

Sencillo: porque no soportan verte brillar.

La Envidia, es el peor sentimiento que podamos tener.
Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar.
Cuando esto pase, no dejes de brillar,
continúa siendo tú mismo,
sigue dando lo mejor de ti,
sigue haciendo lo mejor,
no permitas que te lastimen,
no permitas que te hieran,
sigue brillando y no podrán tocarte,
porque tu luz seguirá intacta,
tu esencia permanecerá, pase lo que pase.

Moraleja... no hay que envidiar al que brilla...
simplemente hay que intentar ser la mejor versión de uno mismo.Por eso te deseo que en este 2013 que empezamos seas mejor que tu antiguo YO










Gracias por leerme,Patricia
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jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Tienes mucho ego?

Cuando se habla del ego se pueden conseguir muchas definiciones de muchos sitios, pero cuando hablo de la trampa del ego, me estoy refiriendo a tener una excesiva identificación con ese Yo interno, con esa identidad que sentimos como propia y que nos diferencia de los demás. 
Es normal sentirte diferente, pensar que eres una entidad única en el mundo ya que nadie más puede vivir dentro de tu cabeza y experimentar tus emociones y vivencias. Llegar al extremo del budismo de pensar que esa experiencia del sí mismo es sólo una ilusión es tal vez exagerado, pues sin esa individualidad pierdes parte de eso que te hace único (aunque esa fusión con el todo sea precisamente lo que persigue el budismo, pero entiendo que  pueda parecerte excesivo). Pero vivir en el lado opuesto, totalmente identificado con tu ego te puede llevar a un individualismo demasiado marcado y a caer en lo que coloquialmente se dice  “tener mucho ego”.

Estar en la trampa del ego es estar tan posicionado en tu propia visión, tan anclado a tu mapa del mundo que pierdes la perspectiva de las cosas. Somos seres subjetivos por naturaleza pero podemos tratar de mantener una cierto objetividad sobre las cosas. Y en la relación con los demás, si realmente quieres conectar, debes dejar una parte de ese ego de lado, para entrar en el mundo de la otra persona y compartirlo. Es además un modo de no darte más importancia de la que tienes. No se trata de rebajarse, ni de falsa humildad sino de estar en un nivel en el que aún manteniendo esa identidad, podemos ver los puntos de vista ajenos y valorar a los otros como iguales a nosotros mismos.

Puede parecer que estoy hablando de algo muy obvio y fácil de hacer, pero citaré algunos ejemplos que tal vez nos hagan pensar que no es tan sencillo. En el film Dalai Lama Reinassance en el que se nos explica como un grupo de 40 pensadores occidentales de diferentes ámbitos de las ciencias y las humanidades se reunieron con el Dalai Lama con el fin de compartir con él sus inquietudes y dudas acerca de qué medidas y soluciones tomar para mejorar el mundo en que vivimos. Formaban parte del colectivo Synthesis. Antes de acudir al encuentro con el Dalai Lama se habían reunido en diferentes ocasiones y en los días en que permanecieron en Dharamsala, tenían reuniones previas para decidir qué preguntas y cuestiones se plantearían en las horas de reunión con el Dalai Lama. Eran todas personas con una trayectoria vital y personal destacada y que habían trabajado su crecimiento personal e incluso espiritual. Tenían además un propósito que podemos considerar elevado: luchar por un mundo mejor. No obstante, rápidamente en las reuniones previas a los encuentros, surgían fricciones. La mayoría de las fricciones venían del ego de los pensadores. Muchos de ellos querían que sus pensamientos fueran tenidos en cuenta y tener la ocasión, tal vez única, de hablar directamente con el Dalai Lama. Tuvieron que hacer votaciones para ver quién quería hablar por encima de todo y a quién no le importaba no hacerlo. Al final llegaban a buen puerto, pero la humildad de las respuestas del Dalai Lama todavía dejaba más en evidencia la trampa del ego en que muchos de ellos habían caído.

Si llegados a esos niveles suceden esas cosas, no nos puede extrañar en absoluto que en círculos más cotidianos, en el trabajo o en la Redes Sociales surjan personas que parecen desbordar de ego. Usaré el caso de las Redes Sociales como ejemplo ya que las podemos observar todos, pero lo mismo valdría para muchas otras situaciones de la vida. Hablamos en ese caso de personas que además de tener una presencia bastante continuada y evidente, gran parte de esa presencia es con la atención volcada en sí mismos. Sus interacciones son en la mayoría de los casos para seguir dándose importancia o para demostrar su pretendida sapiencia. O para acercarse a otros que les den mayor relevancia. Dogmatizan sobre lo que deben hacer o no los demás, pero se aplican excepciones a sí mismos. Son claros ejemplos de alguien que ha caído en la trampa del ego y ya no usa su Yo como un punto de apoyo, sino como un pedestal. Lo triste es que ser diva de pedestal tiene una vida corta y eres rápidamente sustituido por otra. Y en el camino, esas personas, se habrán perdido la maravilla de conectar con los demás y aprender con ellos. Y la posibilidad de disfrutar cómo la vida se expande en esa conexión.

¿Caes en la trampa del ego a menudo? ¿Qué crees que te estás perdiendo en esas ocasiones?









Gracias por leerme,Patricia
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sábado, 22 de diciembre de 2012

Como morir de éxito. Manual para perderse en el camino


MORIR DE ÉXITO. O como quedar en el intento


Lo primero decir que este post es copiado, pero lo cierto es que me ha resultado muy llamativo tanto el título como lo que quiere decir en lo que pienso que lleva razón.

Empezaré con un ejemplo muy propio del boom del ladrillo que acabamos de vivir años atrás. Se trata del típico fontanero de profesión, autónomo, que en un momento dado y fruto de la coyuntura económica decide montar su propia empresa para atender la creciente demanda de trabajo que recibe. Crea su sociedad “Lo que me sale del grifo, S.L.”, compra una flamante furgoneta usando el préstamo “a bajo interés” que le autoconcedió el banco sin pensárselo demasiado (¡¡qué tiempos aquellos!!), una caja de herramientas “del trinque”, y a currar. 


Como el mercado de la vivienda tira para arriba, a nuestro empresario le va bien en su negocio y decide ampliarlo: contrata otros dos empleados -con sus respectivas cajas de herramientas- y una nueva furgoneta con la que seguir prestando servicios a los nuevos clientes que van apareciendo. Y la cosa le va a mejor. Decide comprar un bajo comercial y crear su propia oficina. Oye hablar del renting de locales pero ni se para a valorarlo; cree que es mejor tener los locales en propiedad porque “es una inversión segura que siempre se revaloriza” En la oficina pone a su cuñada, la que hizo un curso de Contaplús en la academia “Todo a Cien”. Acepta todos los pedidos que le surgen (“lo importante es vender”) aunque luego no tiene tiempo para atenderlos y va demorando los plazos de ejecución y dejando colgados a algunos clientes. Pone el precio que le da la gana (“al que no le guste que se busque otro fontanero; yo soy un profesional y valgo lo que valgo”), y cada día le va mejor. “Por fin encontré el negocio de mi vida”, le comenta a los allegados. 

Los remanentes de tesorería se dedican a cambiar el Supermirafiori por un Audi A6, y como todavía le sigue sobrando dinero, da la entrada para un bungalow en “playa-esmeralda”, esa segunda propiedad que todo empresario de éxito se merece para disfrutar de un merecido descanso con la familia. De repente, un mal día comienzan a sonar rumores de problemas en el sector de la construcción, pero nuestro “Industrial de Fontanería” (así pone en las tarjetas de visita, en el rótulo de la superfurgoneta y en la caja de herramientas) piensa que “¡¡menudo problema van a tener “los otros”; a mí no me va a pasar nada porque tengo unos resultados fantásticos, fruto de mi profesionalidad y de mi visión de negocio!!” Hasta que ese “implacable juez” llamado MERCADO decide que quien se queda fuera de juego son los empresarios que no adaptaron su empresa a las cambiantes condiciones del entorno y, entre ellos, estaba nuestro ilustrísimo industrial. ¡¡Murió de éxito!!  Su tumba reza: “Aquí yace Felipe; buen padre de familia, buen fontanero, pésimo empresario” ¿Fue culpa suya? En parte no: era un hombre con mucha ilusión, pero poca formación. En parte sí: se creyó que era él el que controlaba el negocio y subestimó las alertas y el entorno cambiante.

Cuando uno se adentra en el mundo empresarial se harta de escuchar una frase: hay que renovarse constantemente. “Constantemente” tiene un significado muy claro: en el día a día. Pero uno de los grandes enemigos de la renovación es el ÉXITO. ¿Cuántos exitosos emprendedores que se sumaron con toda la ilusión al boom del ladrillo están ahora en concurso de acreedores? Fueron personas que entraron en el mundo empresarial justo en el momento en el que las cosas iban bien para todos, y “la corriente” les arrastró al éxito. El éxito genera una sensación tremendamente gratificante y no negaré yo a nadie su derecho a disfrutar de su minuto de gloria, ese momento que todos nos merecemos para recrearnos en la felicidad que producen las cosas bien hechas y disfrutar del fruto de ese buen trabajo.

Lo malo es que los resultados económicos son como una balanza de dos platillos, y mucha gente se olvida del que pone “fracaso”. Cuando a alguien le van bien las cosas es normal que crea haber encontrado el camino correcto. Si además de eso, los resultados se repiten 3 ó 4 años seguidos, se cree tener el control absoluto sobre el negocio y cree haber encontrado la fórmula secreta para ganar dinero año tras año: “¡¡Qué buen empresario soy!!  ¡¡Qué bien sé hacer las cosas!! ¿Cómo no habría yo empezado esto  mucho antes?”

Ese exceso de confianza, esa euforia desmedida, esa prepotencia generalizada, ayuda a emerger la falsa creencia de que uno ya controla todo lo que hace y que eso nunca va a cambiar, hasta que sin darse casi cuenta, evoluciona el entorno y ese negocio tan magnífico, de repente, se va al “carajo” (perdonen la expresión, pero hay cosas que deben decirse usando toda la expresividad que nos ofrecen ciertas palabras  de nuestro maravilloso diccionario). Realmente, ¿era el empresario el que controlaba su negocio?

Lo que quiero transmitir en el día de hoy es que todos los negocios están condicionados por el ENTORNO y nunca podemos perderlo de vista. El entorno es “juez fantasma” que decide quien se queda en el sendero y quien llega al final. Los empresarios deben hacer las oportunas adaptaciones para no quedarse fuera de juego, ¡¡incluso cuando tienen éxito!!. Esas adaptaciones son las “renovaciones constantes” que aludí al principio y la mayor “barrera” para llevarlas a cabo radica en que el éxito distorsiona la realidad y hace creer a muchos empresarios que los buenos resultados se deben a su gestión y ya serán eternos si repiten la estrategia año tras año. “Se duermen en los laureles” y cuando despiertan descubren con pavor que esos laureles se convirtieron en punzantes cactus. 

Por contra, los buenos empresarios están constantemente vigilando el entorno, sin importarles para nada qué grado de éxito tienen en cada momento. Les preocupa el futuro y solamente se recrean en el presente el tiempo justo para tomar nota de en donde están. Los empresarios mediocres van a remolque de las circunstancias. Se miran el ombligo día a día, con despreocupación; se relajan, disfrutan de sus logros instantáneos, subestiman los flujos de caja (“¿para qué voy a preocuparme si el dinero entra a granel en la registradora?”), subestiman la gestión de los RR.HH. (“¿para qué voy a preocuparme por motivar y formar a los empleados si ya me va muy bien tal y como lo hago ahora?”), etc. etc. etc. Solamente actúan cuando se ven obligados a ello y esto sucede, generalmente, cuando ya no queda más remedio. Y encima lo hacen tarde y mal, porque quien vive del éxito y cree que controla plenamente su negocio, no suele valorar adecuadamente las primeras señales de alerta que le lanza el mercado.

En conclusión: ¡¡ ojo al éxito !! Es la primera señal de alerta que nos debe forzar a NO relajarnos. Si nos dejamos llevar por la gratificante sensación que genera, a vuelta de la esquina estaremos muertos: ¡¡de éxito!!










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lunes, 17 de diciembre de 2012

La importancia de la reputación

Para muchos de nosotros la reputación es algo que se construye a diario.Tiene que ver, en nuestra labor profesional, con ser un profesional fiable, alguien en quién se puede confiar. Con tener una coherencia y una congruencia entre lo que dices y lo que haces, que se transmite en la mayoría de nuestros actos. Lo mismo sucedería en nuestra vida personal. Una “buena persona” o un “buen amigo” es fácilmente reconocible, tiene unos valores y unas actitudes que lo diferencian de otros. No solemos equivocarnos por demasiado tiempo a la hora de escoger buenos profesionales o buenos amigos.
Los problemas en la reputación, suelen venir por dos lados: uno, es cuando tratamos de ser quién no somos. En esa situación, esa falta de coherencia interna se acaba manifestando externamente y provoca que los demás se den cuenta de que algo “no cuadra”. Ese descuadre acaba en ocasiones en una crisis de reputación o dicho de un modo diferente, en una crisis de confianza. Para un profesional puede ser fatal pues resulta muy difícil recuperarse si la cosa ha sido grave.
El otro, es un problema más íntimo y tiene que ver con un exceso de ego o de apego al mismo. La parte de nosotros que está más preocupada por nuestra reputación, por lo que los demás pensarán de nosotros, es el ego. Y no se trata de que no tengamos que tener nada de ego, pero tal vez estaría bien que pudiéramos relativizarlo, que no nos atrape, que no nos angustie tanto. Os voy a contar una antigua historia de la India que tal vez explique mejor este punto:


Había una vez un gran escultor, cuyo arte era tan perfecto que cuando hacía la estatua de un hombre, era complicado distinguir quién era el hombre y quién era la estatua. Era una obra tan realista y tan viva que causaba gran admiración.
Un día llegó un astrólogo a la ciudad y le predijo que se acercaba su muerte, que muy pronto iba a morir. Al artista le entró mucho miedo, se asustó tremendamente y empezó a pensar maneras de evitar su muerte, ya que había sido advertido de ella. Después de mucho pensar, decidió realizar once estatuas de sí mismo y en el momento en que la Muerte llamó a su puerta fue a esconderse entre ellas. Dejó de respirar para pasar desapercibido.
La Muerte estaba perpleja, no podía creer a sus propios ojos. Esto no le había sucedido nunca; ¡era tan raro!. Dios no creaba a los seres humanos en cadena, no era posible que existieran doce copias de la misma persona. Allí sucedía algo extraño. Y sólo podía llevarse a uno….Como no podia decidirse, la Muerte, nerviosa y preocupada se marchó a preguntarle a Dios: ¿Qué has hecho? Hay doce personas iguales y se supone que sólo tengo que traer a una. ¿Cómo debo escoger?
Dios se echó a reír. Le dijo a la Muerte que se acercara y pronunció la fórmula en su oído, la llave para saber como encontrar lo real a partir de lo irreal. Le dió un código secreto y le dijo: – Vete y pronúncialo en esa habitación en donde el artista está escondiéndose entre sus propias estatuas.
La Muerte, aún preocupada, preguntó: ¿Seguro que funcionará?
- No te preocupes- le dijo Dios- simplemente ve y prueba.
La Muerte se fue sin estar del todo convencida de si iba a funcionar. Entró en la habitación, miró a su alrededor y sin dirigirse a nadie en particular dijo:
- Señor, todo es perfecto excepto una cosa. Lo ha hecho muy bien, pero ha fallado en un punto. Hay un error.
El artista se olvidó completamente de que estaba escondiéndose. Saltó y dijo:
- ¿Qué error?
La Muerte se echó a reír y dijo: – Te pille!! Éste es el único error: no te puedes olvidar de ti mismo. Vamos, sígueme.

Como en el cuento, a veces estás demasiado apegado a tu ego, excesivamente preocupado por el qué dirán, por el reconocimiento ajeno. Y aunque, como el artista, sepas que no puedes agradar a todos, tu ego se resiente. El problema de este apego al ego, es que muchas veces provoca que dejes de ser tú y actúes según tu fantasía. Es decir, crees saber lo que los demás esperan de ti y actúas en consecuencia. Estás atrapado en tu propia imagen ideal, que equivocadamente crees que es tu reputación. Ahora que ya llevo tiempo rondando por las Redes Sociales he visto casos de personas, que una vez han alcanzado cierto estatus, ha sido devoradas por el personaje que ellos mismo habían creado. No son ya auténticas, son clones de sí mismos, se repiten, se encartonan.

Aprender a jugar en los dos terrenos es complicado pero no imposible. Una cierta dosis de ego, puede ser útil socialmente, pero un exceso te asfixia. Cuando haces las cosas que realmente  surgen de tu interior, con honestidad, sin pretender nada, simplemente porque crees que así ha de ser, dejando que fluyan de manera natural, los resultados llegan. Llegan porque realmente están conectados contigo, no porque los hayas forzado. Y entonces no debes preocuparte de tu reputación ni de las consecuencias de un comentario malicioso, pues todo ello está de verdad alineado y es congruente. Cuando sólo pretendes seguir en ese Yo Ideal que es aplaudido, cualquier error resquebraja la reputación, pues estaba montada sobre una base falsa.

Es una diferencia que exteriormente puede ser muy sutil, pero que interiormente parte de dos lugares totalmente opuestos. Sólo tú sabes desde dónde te proyectas y por tanto, cuanto hay de sólido en tu reputación. Así que la respuesta a la pregunta del título es obvia: la reputación no se maneja, se proyecta desde dentro en cada uno de nuestros actos.

Por eso voy a hacerte estas preguntas: ¿Estás muy apegado a tu ego? ¿ Crees que te anula tu Yo ideal?









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